“El inquisidor”, de Patricio Sturlese: los papeles de la Inquisición y la literatura (II)

inquisidorLa Inquisición es una institución que, por sus peculiaridades y procedimientos, ha atraído la atención de numerosos escritores, convirtiéndose esta histórica jurisdicción especial en el eje en torno al cual giran numerosas tramas noveladas, aunque no siempre el rigor histórico esté presente. De sobra está señalar que la fortuna histórica de las obras de ficción no es fruto de la casualidad, sino que tiene en la consulta de monografías sobre el tema y en el acceso a documentos históricos generados por la propia institución –y hoy conservados en archivos– sus pilares básicos.

En esta ocasión nos detendremos en la novela “El inquisidor”, escrita en 2007 por el argentino Patricio Sturlese. No nos encontramos ante un relato sobre la Inquisición Española, sino que nos enfrentamos a la lectura de una historia novelada que tiene en la Inquisición Romana su referente directo inmediato. Eso sí, sea la Española o la Romana, no faltan en esta novela, la intriga, el asesinato, el misterio, la brujería, los personajes enigmáticos y los secretos, profundizándose en esa constante relación que parece existir entre todas esas categorías, los documentos históricos y la literatura. Porque, en efecto, la trama, ambientada en los años finales del siglo XVI, gira en torno a la búsqueda de unos célebres manuscritos satánicos: el Necronomicón y el llamado manuscrito esmeralda, dos textos complementarios que otorgarían un gran poder a aquel maligno jefe de los brujos que consiguiera fusionarlos. Angelo DeGrasso, inquisidor general de Liguria y, por tanto, responsable de luchar contra la herejía en su jurisdicción, será el encargado de llevar este complejo proceso y, desde el primer momento, reconocerá la necesidad de documentarse sobre los antecedentes del tema visitando el archivo del Santo Oficio:

“…la búsqueda del proceso me llevó un buen rato. Era de esperar, pues eran muchas las causas archivadas…(…)…todo se reunía aquí, cada uno de los juicios llevados a cabo por la Inquisición se asentaba para luego ser archivado; la crónica de cada uno de los que habían caído en desgracia ante la Iglesia se encontraba en estos anaqueles” (p. 38).

A pesar de todo resulta extraño que la búsqueda le llevara “…un buen rato…”, porque es conocido el celo con el que los inquisidores llevaban los archivos. Mantener el depósito de documentos organizado y confeccionar los índices onomásticos eran herramientas básicas para facilitar el trabajo procesal y para ejercitar el control de la ortodoxia religiosa, por lo que es fácil imaginar esos anaqueles abarrotados de papeles, aunque siempre organizados de manera adecuada. Pero, sobre todo, es muy acertada esa imagen a través de la que se identifica la institución con su archivo, ya que, como nos informa el autor, la crónica de todos los que habían caído en desgracia se encontraba en esos anaqueles.

Fondo Inquisición de Canarias. Archivo de El Museo Canario (Es 35001 AMC/INQ/CB-008)

Fondo Inquisición de Canarias. Archivo de El Museo Canario (ES 35001 AMC/INQ/CB-008) © El Museo Canario

Es precisamente de esas estanterías desde donde tomaría Sturlese su inspiración para describir las explícitas y duras escenas de tormento (pp. 80-88), así como para representar la escena del auto de fe (pp. 151-174) que concluye con la relajación a la justicia secular de los condenados a la hoguera. Pero, no cabe duda que la persecución de la brujería es el tema central de este relato. Las referencias a cultos y manifestaciones demoníacas son habituales, aludiéndose en varias ocasiones a los pentágonos, pentagramas o estrellas de cinco puntas, símbolo utilizado por los magos para conjurar espíritus de maldad. Esa imagen, que es hallada  dibujada en varios documentos a lo largo del libro, no es una ficción y, de este modo, podemos encontrarla en nuestros archivos, como sucede con el pentágono y círculo salomónico que forman parte de un grimorio confiscado por la Inquisición de Canarias y hoy preservado formando parte del archivo que de esta institución se conserva en El Museo Canario (Las Palmas de Gran Canaria).

Pero será la búsqueda del Necronomicón la empresa que llevará a nuestro inquisidor a un largo viaje de ida y vuelta desde Italia a América. Nos gustaría afirmar que este volumen nigromántico fue un libro de origen medieval prohibido por la Iglesia. Estaría bien que el libro se conservara en al actualidad formando parte de un archivo, pero lo cierto es que fue una invención de otro escritor, H. P. Lovecraft, y sería utilizado como motivo de otros relatos por otros narradores, como en el caso que nos ocupa. No obstante, libros similares a este Necronomicón debieron existir y, con toda probabilidad, serían perseguidos por los inquisidores, con lo que la búsqueda de este ejemplar puede simbolizar todos esos otros libros prohibidos y confiscados por la Inquisición a lo largo de su historia. El control de la lectura llevaba al control de las ideas que los libros contenían y, por tanto, fue uno de los medios utilizados para velar por la ortodoxia y la lucha contra la herejía.

Brujos, brujas y brujería. Libros prohibidos, círculos mágicos y demonios. Herejía, tormento, autos de fe y hogueras. Inquisidores, documentos, sectas, intrigas, asesinatos y misterios. Sin duda alguna, la historia contenida en los archivos ofrece fuentes de inspiración inagotables para los novelistas. Archivos y literatura una alianza que nos enriquece a todos.


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Diálogos cinemarchivísticos (III): Erin Brockovich

erin-brockovich1Vuelve a “El archivo: la gestión de la memoria” nuestra sección Diálogos cinemarchivísticos. Lo hacemos a través de Erin Brockovich, película, basada en una historia real, dirigida por Steven Soderbergh y protagonizada por Julia Roberts, ganadora del Oscar, el Bafta y el Globo de oro a la mejor intepretación femenina en el año 2001. La compleja vida de Erin Bockovich, su desesperada búsqueda de trabajo, su incorporación  laboral a un bufete y la investigación que lleva a cabo en relación con las negativas repercusiones que tienen en la salud las aguas contaminadas, dan vida a un film en el que los documentos están constantemente rodando sobre la pantalla, evidenciando el importante papel que éstos desempeñan en cualquier investigación.

Nuestro diálogo cinemarchivístico surge en el momento en que Erin Brockovich decide acudir a solicitar trabajo en un gabinete jurídico:


Erin Brockovich: Soy lista, trabajo duro y no pienso irme de aquí sin un empleo… No me haga suplicarlo…si no sale bien despídame…No me haga suplicarlo.
Jefe: Sin prestaciones.
Empleada del bufete
: Lo que hacemos en este departamento es archivar todos los casos, de ese modo siempre sabemos el destino de cada expediente, o sea en qué lugar de la oficina se encuentra. Aquí ordenamos los expedientes por orden alfabético.
Erin Brockovich: Es bastante sencillo.
Empleada del bufete: Esta será su mesa.


 Tras una breve discusión Erin Brockovich consigue su objetivo: trabajar en el bufete. En un primer momento, llama la atención cómo la protagonista del film es derivada a la sección de archivo de la entidad jurídica. Su escasa formación lleva al responsable de la empresa a considerar que el trabajo de archivo sería el único que podría llevar a cabo, dejando a los profesionales de este sector en un lugar muy poco deseable. No obstante, no debe resultar extraño que se considere que su  lugar está en el archivo porque cuántos de nosotros hemos tenido que contestar a preguntas como…¿ah! pero es necesario estudiar y especializarse para trabajar en un archivo? Pero… ¡venga hombre, si cualquiera puede hacer ese trabajo! Por lo tanto, en esta ocasión la realidad es trasladada a la ficción  cinematográfica como una proyección de la opinión -a todas luces errónea- que tiene una gran parte de la sociedad.

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Erin Brockovich (Julia Roberts) en el archivo.

Sin embargo, y aunque parezca contradictorio, del diálogo seleccionado se desprende lo importante que es el archivo -mucho más que simplemente ordenar-, porque archivando “…sabemos siempre el destino de cada expediente”. Teniendo en cuenta lo importante que es para cualquier empresa tener controlada la información y los documentos que la contienen, y que sea la función del archivero la que permite hallarla en cualquier momento, pone de relieve el trascendental trabajo que esta sección lleva a cabo. ¿Cómo es posible entonces que a alguien sin experiencia y, sobre todo, sin formación en este campo se le adjudique este trabajo?  Pues sí, es posible y ha ocurirdo -y ocurre todavía- incluso fuera del cine.

Podría considerarse, en defensa de los guionistas, que el trabajo que ha de desarrollar la inteligente Erin Brockovich no es literalemente el de archivera, derivando su personaje a lo largo del metraje hacia el papel de investigadora. Sin embargo, consideramos que la imagen que se ofrece de los archiveros a los espectadores no es del todo nítida, pudiéndose dar a entender que para archivero cualquiera vale y que la sección archivística de una institución, empresa u organismo no requiere profesionales debidamente formados. Sin duda, nada más lejos de la realidad.


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“El último secreto”: bibliotecas muy “archivísticas”

ultimo-secretoLa biblioteca archivística de “El archivo: la gestión de la memoria” ha crecido este verano con la novela  “El último secreto”, obra del portugués José Rodrigues dos Santos. En la literatura de ficción, como ya hemos tenido posibilidad de comprobar a través de otros comentarios realizados en este mismo blog, los archivos y bibliotecas se convierten en el inspirador escenario elegido por los autores para situar sus acciones. La antigüedad de los manuscritos e impresos, el silencio,  el aroma avainillado que desprende el papel, el especial atractivo que despiertan los oscurecidos depósitos, están entre las razones que con toda probabilidad atraen a los escritores hacia estos espacios. Así, una biblioteca se convierte en el escenario de un crimen o un archivo en el lugar idóneo para hallar pistas sobre cualquier acontecimiento investigado por la policía, hechos, por otra parte que contribuyen a la difusión de estas unidades de información a través de la literatura.  “El último secreto”, novela de la que nos ocupamos en esta ocasión, participa de todos estos lugares comunes, si bien presenta algunos elementos que hacen de éste mucho más que un relato meramente “archivístico”, al girar la acción final, sin que desvelemos su gran “secreto”, en torno a los estudios genéticos y la clonación…clonar ¿a quién o qué?…el desenclace lo conocerán leyendo la novela.

“El último secreto” arranca con algunos elementos que se convertirán en verdaderos indicios de los derroteros por los que discurrirá la acción novelada: una paleógrafa, un asesinato –al que se sumarán más muertes violentas de investigadores y científicos- , la Biblioteca Vaticana  – a la que se añadirán algunos otros centros documentales- y  el Codex Vaticanus. A partir de esta tétrada de partida (paleógrafa-biblioteca-códice-asesinato) discurrirá una historia de ficción, con una sólida base histórica, en la que Jesucristo, su naturaleza y su  vida se convertirán en el eje central de la narración recurriendo el autor, como eje vertebrador, a la confrontación de lo contenido en diversos y antiguos manuscritos y códices bíblicos.

Bibliotecas con fondos archivísticos
En “El último secreto” no son protagonistas los centros archivísticos. Lo son las bibliotecas en las que se custodian fondos de archivo y documentos singulares manuscritos de naturaleza archivística. Por todos es conocido que son numerosas las bibliotecas en las que a lo largo del tiempo  han ingresado por diferentes vías -depósito, comodato, donación, adquisición- documentos archivísticos. Durante mucho tiempo a esos manuscritos se les concedió un tratamiento casi bibliográfico en razón del lugar en el que se conservaban -una biblioteca-, si bien en la actualidad afortunadamente ya son sometidos a los procesos técnicos propios de la disciplina archivística.

En la novela escrita por José Rodríguez dos Santos Biblioteca se alude básicamente a tres bibliotecas de reconocida historia y prestigio. En primer lugar el foco de atención se pone sobre la Biblioteca Apostólica Vaticana, en cuya sala de manuscritos se comete el primer crimen y en la que se conserva el Codex Vaticanus, texto de mediados del siglo IV, copia de los originales escritos por los autores de los textos canónigos del Nuevo Testamento.

La dublinesa Chester Beatty Library, es el lugar elegido por el investigador para estudiar un antiguo papiro bíblico que forma parte de la importante colección que de este tipo de textos conserva la biblioteca irlandesa. Si en el caso del Códex Vaticanus un permiso especial permitió a la paleógrafa asesinada consultar directamente el original, en el caso de la Chester Beatty Library, el estudioso ha de remediarse consultando el texto a través de la pantalla del ordenador, hecho que no hace sino poner de manifiesto que la conversión digital es una práctica habitual en todo el mundo y que, además permite no sólo la conservación de los originales sino la consulta simultánea de varios usuarios de un mismo documento.

Finalmente, debemos hacer una parada en la British Library y en la Biblioteca de la Universidad de Pensilvania (USA). Aunque no son visitadas por los protagonistas de la novela, sí son aludidas en las disquisiciones que sobre los textos bíblicos se producen a lo largo de la narración. La primera, la Biblioteca Británica, sale a colación porque en ella se conserva el célebre Codex Alexandrinus, manuscrito del siglo V, ofrecido por el patriarca de Alejandría al rey de Inglaterra.
Por su parte, la biblioteca americana adquiere especial significado como custodia del denominado Papiro o Pergamino P1, que, aunque coincide cercanamente con el Códice Vaticano, data del siglo III y conserva versículos del Evangelio según San Mateo.

En definitiva, este recorrido literario a través de estas “bibliotecas” acerca al lector a la documentación archivística contribuyendo a difundir esa idea de unidad de información en la que se conservan materiales de diferente naturaleza, origen  y tipología…porque mientras cada tipo de documento sea respetado, tratado y procesado como lo que es, no deben existir problemas de convivencia.


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“El patrimonio arquitectónico perdido”: el archivo se expone en Las Palmas de Gran Canaria

Cines, teatros, escuelas, mercados, puentes, parques…¡hasta molinos de viento! están presentes en la exposición “El patrimonio arquitectónico perdido” organizada en Las Palmas de Gran Canaria con motivo de las Fiestas Fundacionales de la ciudad y coordinada por el personal técnico del Archivo Histórico Provincial de Las Palmas. Es de este centro archivístico del que proceden los planos que dan forma a una muestra en la que se presentan numerosas trazas arquitectónicas correspondientes a edificaciones que, o bien ya no existen, o nunca llegaron a construirse. De este modo, la pregunta ¿cómo era, o pudo ser, la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria?,  queda respondida en una exposición en la que los documentos de archivo cobran vida y protagonismo.

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Panorámica de una de las salas del Castillo de Mata (Las Palmas de Gran Canaria) en la que se exhibe “El patrimonio arquitectónico perdido”

Así, los visitantes, desde el 14 de junio hasta el 31 de julio de 2016, no sólo tienen la posibilidad de acercarse a una nueva manera de ver la arquitectura en las dos dimensiones a que queda reducido su volumen sobre el plano, sino que, a través de la exhibición, queda constatada la importancia que posee el medio expositivo como forma de difusión de esos papeles que, conservados en un archivo, han sobrevivido al paso del tiempo formando parte de la historia del una urbe que ha cumplido 538 años.

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Pero, probablemente no todos los que visitan una exposición de documentos, ya sean manuscritos, figurativos o bibliográficos, son conscientes del trabajo que conlleva poner en marcha una iniciativa de este tipo. No hablo sólo de la selección del material a exponer o del especial cuidado que hay que tener para mostrarlo respetando la integridad física de cada unidad, sino de lo que es necesario para que esa selección pueda llevarse a cabo con garantías y… ¿por qué no?, de una forma ágil. Indiscutiblemente sin el trabajo técnico previo de organización y descripción montar buenas exposiciones archivísticas o documentales sería una tarea muy compleja. Los archiveros trabajan, entre otras cosas, no sólo para guardar la memoria, sino sobre todo para hacer accesible y difundir esa memoria que queda encerrada entre la masa documental. Sin duda, esa accesibilidad favorece montar exposiciones rigurosas. Instrumentos como el cuadro de clasificación, los inventarios, los catálogos, los índices… son los grandes aliados que, además de servir como instrumentos de control, hacen accesible los documentos y que, ante cualquier iniciativa expositiva, hacen más fácil el complejo trabajo de selección tanto para los archiveros como para culaquier investigador o comisario que desee hacer uso de la documentación en un contexto expositivo. Nuevamente nos encontramos con ese silente y escasamente valorado trabajo del archivero, sin el que estos otros trabajos paralelos, como las exposiciones, podrían realizarse, pero con menos garantías y rigurosidad.

Exposición

En primer plano, proyecto del Teatro-Cine Wiot, obra del arquitecto Eduardo Laforet, que nunca llegó a construirse, pero cuyo plano se conserva en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas formando parte del fondo municipal de Las Palmas de Gran Canaria.

Desde aquí inivitamos a todos a visitar esta exposición y agradecemos al personal técnico del Archivo Histórico Provincial de Las Palmas responsable de la misma -las archiveras Noelia Pérez, Argelia Camino e Isabel Rúa Figueroa- el habernos acercado un segmento tan interesante de la historia de nuestra ciudad. Sin duda, los archivos esconden todavía muchos secretos en forma de documentos que es necesario dar a conocer.

Molino, tipología arquitectónica que ya no forma pate de la ciudad, proyectado por Francisco de la Torre.

Tipologías arquitectónicas, como los molinos de viento, solo sobreviven en el archivo.


Exposición: El patrionio arquitectónico perdido
Lugar: Castillo de Mata (C/ Domingo Guerra del Río, s/n, Las Palmas de Gran Canaria)
Fechas: Hasta el 31 de julio de 2016


Para saber más:
La ciudad rescata 50 planos de edificios desaparecidos de Vegueta y Triana (La Provincia, 14 de junio de 2016)

Los planos de una ciudad perdida (La Provincia, 18 de junio de 2016)

Planos de una ciudad olvidada (La Provincia, 18 de junio de 2016)


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#UnArchivoEs… Día Internacional de los archivos (2016)

Que #UnArchivoEs un espacio dedicado a la gestión de la memoria de la humanidad, ya sea remota, cercana e incluso cuando todavía casi ni es memoria, es una realidad innegable, por más que todavía, en pleno siglo XXI, haya que insistir en ello. Pero, de esa afirmación “…#UnArchivoEs un espacio dedicado a la gestión de la memoria”, lo que más sorprende a los no iniciados en el mundo de la archivística es, sin lugar a dudas, la incorporación del concepto de “gestión”. Lo de la memoria parece superado, sobre todo con esa propensión popular que existe a identificar, no siempre con acierto, “documento archivístico” con “documento antiguo”… pero lo de la “gestión” todavía no está lo suficientemente recocida como la verdadera labor de un archivero. Y sí, #UnArchivoEs un “archivo” precisamente porque es la gestión lo que está presidiendo la actividad central desarrollada en él. En caso contrario estaríamos hablando de un montón de papeles. Cuando clasificamos, ordenamos, describimos, diseñamos tablas de valoración y accesibilidad, establecemos cuáles deben ser las bases del flujo documental, etc… estamos gestionando y, al mismo tiempo, estamos dando forma a lo que #UnArchivoEs.

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Por lo tanto, #UnArchivoEs un espacio en el que se gestiona información y documentos, y al mismo tiempo, éstos se difunden y se hacen accesibles. En este contexto el archivero desempeña un papel central. ¿Puede un archivo “ser” sin la existencia de un archivero? La respuesta es un rotundo no. La presencia del archivero es indispensable para que, como profesional formado y especializado en la materia, sea diseñado un plan de acción adecuado a la naturaleza y especificidad de cada archivo y del trabajo que se ha de desarrollar en él.

En definitiva, #UnArchivoEs una unidad de información en la que se gestiona, difunde y hace accesible información y documentación sustentada en los más diversos formatos. #UnArchivoEs un espacio en el que reside la memoria, pero ante todo, #UnArchivoEs, o ha de ser, básicamente un servicio. Finalmente, todo indica que #UnArchivoEs la reunión de muchas historias, muchos sentires, muchos pesares, muchos acontecimientos, muchas imágenes, muchos sonidos… que con el trabajo del archivero se seleccionan, se clasifican, se ordenan, se describen y se hacen accesibles.

Feliz Día Internacional de los Archivos… ¡Qué todos los archivos sean!


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“El restaurador de arte”: intriga, pintura, restauración y archivos

“Eligió trabajar con la belleza del pasado en lugar de crearla en el presente”
(Julián Sánchez, “El restaurador de arte”, p. 235)

El restaurador de arte El conjunto pictórico realizado por José María Sert para decorar la iglesia de San Telmo (San Sebastián, España) es el motivo central en torno al cual gira la novela  “El restaurador de arte“, escrita por Julián Sánchez -autor también de “El anticuario“-  y publicada en el año 2013.

Pero no estamos ante una novela sobre la pintura; ni ante una historia de pintores… No, no nos encontramos ante un relato tan simple. Por el contrario, aunque los magníficos y apabullantes paneles salidos de la inspiración de Sert inundan cada página del libro, lo puramente pictórico queda superado por una misteriosa trama dominada por un profundo secreto, por el tratamiento de una apasionante actividad profesional -la restauración de pintura-, por la presentación de varias historias de amor, por la combinación de espacios y tiempos diversos y superpuestos y, cómo no, por una interesante investigación en la que se entremezcla lo policiaco, lo histórico y lo humano.

Iglesia de San Telmo (San Sebastián) Natalia Ferrando

Iglesia de San Telmo (San Sebastián)
© Natalia Ferrando

Es esa investigación, como ya habrán adivinado, lo que hace posible que “El restaurador de arte” figure entre las páginas de este blog. En efecto, la necesidad de información llevará a los protagonistas -un escritor, un restaurador y una relaciones públicas- a visitar diversos archivos con la finalidad de acceder a las fuentes primarias que contribuyan a conocer las causas de una muerte producida en extrañas circunstancias y que, además, puedan arrojar un poco de luz sobre un oscuro secreto. Las pesquisas se realizarán en archivos públicos y privados, accediéndose a diversas tipologías documentales entre las que las actas, la documentación económica -especialmente las facturas-, y las cartas se erigirán en piezas clave. Las primeras –actas y facturas-, vinculadas con archivos públicos e institucionales y las segundas, las epístolas, en estrecha relación con los archivos privados o personales. Así, el archivo del Museo San Telmo y los documentos que dan forma al archivo personal de José María Sert se convierten en verdaderos protagonistas en el desarrollo de la intrigante acción.

 Archivo del Museo San Telmo
Es este el primer archivo que es aludido en la novela, hecho que no ha de resultar extraño si tenemos en cuenta que buena parte de la acción se desarrolla en este espacio expositivo al que se encuentra anexa la iglesia erigida bajo la advocación del milagroso San Telmo, patrón de los marineros:

“…para el segundo día de trabajo, Enrique escogió el archivo histórico…El documento de referencia eran las actas de la Junta de Gobierno del Museo San Telmo…Al estar digitalizadas, su trabajo se simplificó notablemente…” (p. 188)

museo san telmo archivo

Archivo digital del Museo San Telmo desde el que podemos acceder a las actas consultadas por el protagonsita de la novela.

La consulta de esta documentación, fundamental para el mejor conocimiento de una institución de este tipo, proporcionará información al escritor protagonista. El acceso novelado, tal como se nos informa, se produjo de manera digital al contar el archivo con este material en formato electrónico. Lo más interesante es que esto no forma parte de la ficción. Efectivamente las actas de la junta del Museo San Telmo están digitalizadas y accesibles a través del sitio web de la entidad museística, pudiéndose realizar búsquedas que hacen más rápida la investigación. Invitamos a todos los interesados a consultar esta documentación e incluso podemos acceder a esos libros V y VI que fueron objeto de consulta por el protagonista del relato del que nos ocupamos. En esta ocasión el archivo y los medios reflejados en esta novela son reales poniéndose de manifiesto que su autor conoce el ámbito documental en el que se desenvuelve la acción.

Visita al Museo San Telmo en la que podemos contemplar los espacios novelados en “El restaurador de arte”: claustro, iglesia, biblioteca…(https://youtu.be/tg6Xajb_EgU)

Archivo personal de José María Sert
Los archivos privados están representados en esta ocasión por el volumen documental generado y reunido por el pintor José María Sert a lo largo de su trayectoria personal y profesional. De hecho, tal como se afirma en el texto: “…Los herederos del pintor guardaban una gran colección de cartas manuscritas, anotaciones y bocetos de la mano original de José María Sert…” (p. 109). Pero no hay que olvidarlo: estamos ante un archivo personal y rápidamente se nos sitúa ente esa cruda realidad que todos los investigadores y archiveros conocemos: “…el archivo familiar de Sert no es un archivo público al que puedas acceder así como así…” (p. 194). De hecho se afirma: “…no podrás acceder con facilidad al archivo…” (p. 195). Es obvio que todos conocemos las dificultades que entraña la consulta de un archivo privado y en esta ocasión no iba a ser una excepción. La amistad con los propietarios, la insistencia constante o, como ocurre en este caso, acudir con el aval de una institución de prestigio pueden abrir las puertas con más facilidad; pero no siempre es tarea fácil, revelándose nuevamente el autor como un buen conocedor de la realidad archivística imperante.

Del archivo personal de José María Sert, conservado por su familia en Barcelona, interesa al protagonista de la acción la sección “Correspondencia” porque es en las cartas donde “…se mezclaban con idéntica medida los asuntos profesionales con los personales…” (p. 111). La carta es, como hemos insistido en otras ocasiones, una tipología muy habitual en los archivos privados conteniendo, en efecto, una información de gran interés que posiblemente no podamos hallar en otros documentos. De hecho, también en esta novela se hace referencia a la consulta de las cartas de Zuloaga, conservadas en el museo del pintor, sito en Zumaia, puesto que se intuía que podrían localizarse allí datos sobre la relación profesional mantenida entre ambos artistas. La carta, sin duda, es una fuente inagotable de datos de interés.

Otros archivos
Pero el periplo archivístico del restaurador y del escritor protagonistas del relato no queda ahí. Así, archivos históricos provinciales, el archivo privado de la familia Wendel  e incluso los Archives Nacionales (París) son visitados entre las páginas del libro… un libro muy archivístico.

Sin embargo, es verdad… hay muchos archivos y pocos archiveros. En efecto, no se hace referencia a la existencia de archiveros –sí de bibliotecarios- que se ocupen de esos depósitos documentales aludidos, hecho que no es más que una muestra de la realidad imperante en nuestro país con respecto a unos profesionales que, aunque un poco más visibles ahora, debemos continuar reivindicando nuestro papel porque… por muy digitalizados que estén los documentos si no hay un archivero que los describa poco se agilizará su consulta.


Agradecemos a Natalia Ferrando, historiadora del arte e integrante del Departamento de Educación y Acción cultural del Centro de Arte La Regenta (Las Palmas de Gran Canaria),  la cesión de la imagen del interior de la Iglesia de San Telmo (San Sebastián).


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8 de marzo: Alicia Batista Couzi, una mujer de Cultura

El día 8 de marzo está íntimamente ligado a la reivindicación y valoración de la actividad laboral desarrollada por las mujeres. Lo que empezó siendo el día de la mujer trabajadora ha derivado en la celebración del “Día Internacional de la mujer”, sin que por ello haya disminuido, no obstante, el interés por visibilizar a la mujer como un importante activo en todos los ámbitos del trabajo. Hoy no hablaremos de archivos… pero sí de Cultura, ámbito muy vinculado a la archivística.

Alicia Batista Couzi © Nacho González

Alicia Batista Couzi
© Nacho González Oramas

Porque hoy no podemos dejar pasar este día sin dedicárselo a una de esas mujeres que desde la esfera de la Cultura ha desarrollado durante muchos años en Las Palmas de Gran Canaria –y por extensión en el resto del Archipiélago–, una constante actividad en la gestión, defensa y, sobre todo, en la difusión del patrimonio cultural. Nos referimos a Alicia Batista Couzi que, tras 11 años al frente del Área de Cultura de la Fundación Mapfre Guanarteme (Las Palmas de Gran Canaria), ha concluido su actividad laboral el 28 de febrero de este mismo año.

Conocí a Alicia Batista allá por el año 1994 sentado en torno a una mesa de trabajo en el Centro Atlántico de Arte Moderno. Yo, entonces becario de investigación de la ULPGC, contaba con 25 años –¡cómo pasa el tiempo!– y, sin duda, era la primera reunión de ese tipo a la que acudía. Ella estaba allí como responsable del Departamento de Educación y Acción Cultural del CAAM (Centro Atlántico de Arte Moderno), y desde el primer momento, a pesar de su enorme experiencia en el ámbito de la didáctica nutrida de su primera actividad como maestra, se mostró cercana, amable y entusiasta, actitudes que se presuponen en cualquiera pero que no tienen por qué ser, no obstante, habituales. A partir de entonces, y han pasado ya 20 años de aquella primera aproximación, mi evolución en el mundo del arte y, ante todo, en la comunicación sobre arte –porque fui historiador del arte antes que archivero– han crecido, en buena medida, gracias a su apoyo incondicional, hecho que revela una generosidad que está muy por encima de cualquier valía profesional. Recuerdo mi primera charla titulada “Kandinsky: De lo espiritual en el arte”. Así de inconsciente y arriesgado fue uno en su juventud, pero eran esos riesgos los que ella siempre ha compartido y defendido con su energía habitual, animándonos a todos a hacer nuevas propuestas y superarnos. Aquel 15 de febrero de 1995 di a conocer lo mejor que pude la obra del gran Kandinsky en el contexto de los todavía recordados por todos “Cursos de iniciación al arte contemporáneo”… pero no sólo mostré la obra de uno de mis pintores favoritos. Ese acto me permitió conocer a una gran mujer. Ahí estuvo Alicia para, con su seguridad, cariño y entusiasmo, transmitirme todo el aplomo que necesitaba un veinteañero tan inexperto como yo en aquel momento. Después de ésta, vendrían otras muchas colaboraciones a través de las que fui creciendo, tanto en lo personal como en lo profesional.

Tras su, recordada por muchos, actividad en el CAAM se hizo cargo de la dirección del Área de Cultura de la Fundación Mapfre Guanarteme. Durante los últimos 11 años al frente de esta sección de la Fundación su labor no solo no ha mermado sino que, por el contrario, ha ido in crescendo, diseñando programaciones a través de las que se ha manifestado su propensión a valorar la juventud y la diversidad, a tener en cuenta las opiniones de otros y a querer mejorar día a día. Esa “mejora continua” –que hoy diría un experto en calidad y evaluación– puede ser aplicada a una mujer que ha dejado huellas imborrables, siempre positivas en mi caso, por donde ha pasado y sobre quien la ha tratado.

Alicia batista Couzi 02

Alicia Batista el 25 de febrero de 2016 en la inauguración de la exposición MYRMEX. Dulce Abreut Cabrera.
© Nacho González Oramas

Alicia Batista Couzi: una mujer, una trabajadora, una profesional… Como ella misma afirmó el 11 de febrero en la inauguración de la exposición Manolo Millares ilustrador. Divertimentos de intimidad –una de las últimas presentaciones a la que  acudió como directora de Cultura de la entidad– ahora concluye un ciclo, pero se abre una nueva etapa en la que “…no cesará en su actividad profesional…”. Lo hará desde otra situación, desde otro punto de vista, desde otros espacios, pero siempre desde la libertad que siempre la ha caracterizado. Podrá dedicar más tiempo a sus cosas, pero seguro que nunca descuidará la Cultura, porque su compromiso va más allá de fichar diariamente en la oficina, porque ella ha formado y continuará formando parte, no sólo de mi historia personal, sino de la Historia de la gestión cultural de su ciudad y su isla.


Agradecemos al fotógrafo Nacho González Oramas la autorización para la reproducción de las imagenes que acompañan este texto. También a Isabel Saavedra y Marta Monzón por su “apoyo logístico”, hoy también es su día.


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Diálogos cinemarchivísticos (II): El príncipe y yo (2)

Cerramos este año 2015 con un diálogo cinemarchivístico, no sin antes agradecerles que hayan seguido este blog, y esperando poder ofrecer más -y sobre todo mejor, aunque sea menos- a lo largo del año que ya estamos a punto de estrenar.

¡Feliz 2016!

Nuestro diálogo cinemarchivísico de hoy está extraído de la segunda parte de la película”El príncipe y yo”, largometraje dirigido en el año 2006 por Catherin Cyron, con guión de Allison Robinson, y protagonizada por Lucke Mably (Príncipe Edvard), Kam Heskin (Paige Morgan) y, entre otros, Daniel Cerny (Jake).

Los obstáculos surgidos para que un príncipe danés y una plebeya puedan contraer matrimonio se convierte en el eje central de la trama, debiéndose hallar alguna laguna legal que permita el, aparentemnte, imposible matrimonio entre ambos. Es esa búsqueda de la laguna legal lo que proporciona nuestro diálogo cinemarchivístico:


Paige Morgan: Tengo que buscar una laguna…pero no se dónde buscar.
Jake: Yo sí
Paige: ¡Qué! ¿Dónde?
Jake: En el  archivo de documentos antiguos
Paige: ¿Dónde está?
Jake: Está justo aquí, en el Campus, en la Facultad de Derecho
Paige: ¡Date prisa!
Jake: Espera necesitamos ayuda. Mis amigos de la facultad de Derecho son un poco raritos, pero a nadie le importa esos libros… sino a ellos.
Paige: ¿Dónde está el archivo? ¿Aquí?
Jake: Estás sobre él. Está en las catacumbas


el principe y yo2A través del diálogo quedan patentes dos tópicos archivísticos que, como casi todos los tópicos, a pesar de serlo, llevan algo de verdad. De este modo, en el diálogo quedan explícitos dos aspectos:

  • El archivo es de “documentos antiguos“: es esta una idea muy recurrente en las películas y libros en los que salen a relucir los archivos, dando la impresión de que  no existen los depósitos de documentos generados en el tiempo próximo. Así, cuando se intenta expresar el paso del tiempo o simplemente la antigüedad de algo es muy habitual que el archivo entre en escena o, mejor dicho, se convierta en el escenario.
  • El archivo está en las “catacumbas“: sótano y archivo son dos sutantivos que suelen ir de la mano, a pesar de que no sea ésa la mejor ubicación para aquéllos, siendo habitual todavía en la actualidad que los archivos “reales” se encuentren situados en dependencias subterráneas de este tipo. En esta ocasión ese sótano es calificado como “catacumba” y, de hecho, es eso lo que parece. Imágenes lúgubres -por no decir sumidas en una oscuridad total-, estrechas galerías arquitectónicamente casi sin concluir, ruido de goteras, polvo… Es decir, un archivo cinematográficamente muy recurrente. Ni que decir tiene: ni un rastro de informatización o mecanización y, sobre todo, ninguna alusión a un archivero o a una descripción, algo paradójico si tenemos en cuenta el valor de los históricos textos constitucionales que alberga.
  • Por otro lado, aunque no figure en el diálogo seleccionado, hay en la misma escena una ligera alusión a la paleografía. La protagonista, estudiante de medicina, se horroriza ante las grafías indescifrables que se presentan ante sus ojos, llegando a exclamar “…y yo me quejaba de la química órganica!”. Comprobamos que cada disciplina tiene sus dificultades… incluidas las Humanidades, como ya hemos señalado en alguna otra ocasión.

Sin embargo, al margen de tópicos, en este diálogo -y en general a lo largo de la película- queda patente otra realidad archivística: los documentos y los archivos como depositarios de derechos. Porque es un derecho lo que buscan los protagonistas; una laguna legal que haga posible que puedan ejercitar su derecho a contraer matrimonio, derecho que les es negado, precisamente, basándose en otro documento más reciente que el que ellos, finalmente, encuentran.

Es evidente que no estamos ante una obra maestra del cine y tiene todos los componentes de una película de tv., pero este medio televisivo también puede ser el más idóneo para difundir los archivos… Aunque sea a través de los tópicos de antigüedad, sótanos y oscuridad, también salen a relucir los derechos, realidad con la que no están tan familiarizados los ciudadanos.


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La recuperación de la memoria (XII): dialogando con Alicia Barbero Mesa, conservadora-restauradora de patrimonio documental y obra gráfica

Contamos hoy en nuestra sección “La recuperación de la memoria” con la participación de Alicia Barbero Mesa, conservadora-restauradora de documento gráfico.

Alicia Barbero Mesa realizó sus estudios superiores en la especilidad de conservación y restauración de documento gráfico en la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid, obteniendo con posterioridad el título de Técnica superior de artes plásticas y diseño, en la especilidad de grabado y técnicas de estampación en la Escuela de Arte y Superior de Conservación y Restauración de bienes culturales de León.

Alicia Barbero - Depósito

Alicia Barbero Mesa en el depóstio del archivo (Archivo Histórico Provincial de Palencia)

Desde 2007 desarrolla su trabajo en el Archivo Histórico Provincial de Palencia. No obstante, su trayectoria profesional previa ha sido larga, desarrollando su actividad como restuaradora y conservadora de documentos tanto en centros de titularidad pública (Archivo General de Simancas, Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Castilla y León, el Museo de León, etc.) como en los de índole privada.

Damos comienzo a nuestra charla…

¿Cuándo decidiste que la restauración y conservación de documentos sería tu profesión? ¿Vocación o descubrimiento?

Recuerdo que a la hora de escoger especialidad, me decidí por restauración de documentos porque me dijeron que era el último año en que los alumnos provenientes de las Escuelas de Arte no tenían que hacer examen de ingreso para entrar en la Escuela de Restauración. Si no me gustaba, siempre podría escoger cualquier otra especialidad y bueno, me lie, me lie y hasta hoy.
Así que vocación… va a ser que no. Entré en esta especialidad para saber de qué iba y me gustó, pero como otras muchas cosas por las que me interesé en aquella época. Poco a poco se dieron las circunstancias para trabajar en este campo de manera estable y me quedé, pero lo estuve compaginando durante muchos años con trabajos en animación sociocultural y tiempo libre, así que ya ves, por ahora estoy en esto, pero no me gusta cerrar puertas.

¿Animarías a los más jóvenes a elegir esta carrera?

Animar, animar…no sé, desde luego no desanimaría a nadie que se lo estuviera planteando que demostrara un poco de interés o vocación. Eso sí, recomiendo ahínco y perseverancia. Actualmente, analizar el panorama de esta especialidad según las titulaciones, escuelas y salidas laborales privadas o estatales, comparándolos con otros proyectos curriculares no ayuda demasiado a la hora de decantarse por ésta u otra carrera. Sin embargo es cierto que, incluso hoy en día, con más escuelas que nunca, ésta sigue sin ser una especialidad multitudinaria, lo cual es una ventaja si decides ponerte manos a la obra y ejercerla. Además, ahora con las TIC tienes posibilidad de recabar información de centros formativos y laborales que hacen cosas muy interesantes, y contactar fácilmente con profesionales de todos los ámbitos que te pueden orientar y eso es fantástico, porque dan una perspectiva con la que antes no contábamos o al menos, no tan fácilmente.

Trabajas en un archivo público, en el Archivo Histórico Provincial de Palencia. Desde tu experiencia profesional ¿Se invierte –y se ha invertido en el pasado- lo suficiente en restauración de documentos? ¿Se ha visto afectada la actividad de los restauradores por los recortes en materia cultural?

No sé si lo suficiente, pero desde luego no creo que se invierta demasiado bien, hay mucha descoordinación. Quizá el ejemplo más cercano y doloroso es la inversión del Ministerio en maquinaria de restauración para el taller del archivo, realizada 15 años antes de contratar al personal técnico que pudiera utilizarla. Actualmente esta maquinaria está obsoleta, es ineficiente, ocupa mucho espacio y para colmo administrativamente es casi imposible deshacerse de ella.

También, en la época de vacas gordas, se invirtió de forma sistemática en restaurar documentos que tenían un valor determinado, por ejemplo los que eran más antiguos y en pergamino, los que iban a exposición, los que tenían una traza o ilustración bonita, los grabados o los libros gravemente deteriorados, en definitiva los que se consideraban las joyas de la corona de cada centro. Quizá en algún momento lo realmente importante eracita 1 Alicia Barbero dejar constancia de que se restauraba, pero sin ninguna planificación a largo plazo. Una vez que te pones a trabajar con fondos documentales, completos y estables, te replanteas la idoneidad de estas intervenciones aisladas cuando no hay ninguna estrategia de conservación que las sustente. La idea sería que la inversión estuviera mejor enfocada, independientemente de que fuera mayor o menor.

Creo que los restauradores, sobre todo los trabajadores autónomos y de empresas, se han visto afectados por la crisis, pero no mucho más que otros profesionales relacionados con el mundo de la cultura. Hace unos años el Servicio de Archivos de Castilla y León realizaba contratos de restauración externos que se dejaron de ofertar en 2010, precisamente por los recortes, y al mismo tiempo también se suspendieron las contrataciones de educadores en museos, de cuentacuentos y actividades de ludoteca en las bibliotecas o de agentes socioculturales en centros culturales de la provincia.

En mi trabajo diario, la crisis se ha sentido, pero poco. Reconozco que no he tenido problemas en la provisión de material fungible destinado a restauración, pero si hablamos de inversión en formación específica, mejora de instalaciones, máquinas, o instrumental de análisis y control medioambiental… eso es otro cantar. En ese sentido la Administración es una maquinaria farragosa que no es capaz de comprender que mejoras en conservación deberían, como mínimo, igualarse a la provisión de recursos aplicados a restauración y que en los centros documentales ambas son un tándem indivisible.
También hay que destacar que los Archivos Históricos Provinciales son de titularidad estatal y gestión autonómica de forma que las responsabilidades sobre la mejora de instalaciones documentales, espacios de trabajo y las reparaciones del edificio son difíciles de poner en marcha y solucionarse en poco tiempo, y cuando hay recortes más.

En el laboratorio de restauración de un archivo histórico provincial ¿con qué tipos de documentos se trabaja? ¿Se restauran documentos procedentes de otros archivos? ¿Por qué no hay laboratorio de restauración en todos los archivos históricos provinciales?

El AHP de Palencia custodia los documentos generados por la administración autonómica y estatal radicada en la provincia, además de colecciones privadas o documentación cedida, donada o comprada que complementa y amplia sus objetivos como centro de documentación histórica. Esto supone una gran masa cita 2 Alicia Barberodocumental de diferentes materiales y formatos, y en el taller se trabaja con todos, según las necesidades. A diferencia de otros talleres, como los privados o los de Institutos o Centros regionales de C+R de Bienes Culturales, en el taller se trabaja con “fondos, grupos, series”, es decir se aborda la conservación y restauración de conjuntos documentales, aunque evidentemente los documentos se intervienen de uno en uno.

Sí, en el taller se restauran documentos de otros Archivo Histórico Provinciales (AHP), cosa que antes se hizo mediante contratos externos, como ya comenté. Se hace bajo demanda, por unas necesidades determinadas, y en la mayoría de los casos se trata de pequeñas intervenciones o acondicionamiento e instalación de colecciones concretas, con materiales y formatos especiales. También se ofrece asesoramiento y ayuda técnica sobre materiales e instalaciones de conservación, exposición y restauración de documentos a cualquier centro de la red de Archivos, Bibliotecas y Museos que lo solicite. Somos conscientes de las necesidades y urgencias del resto de los centros que no cuentan con personal especializado y consideramos que toda la ayuda que podamos ofrecer redundará en una mejor conservación del patrimonio documental, así que echamos un cable siempre que nos lo piden. Por otro lado, se aprende mucho conociendo otras realidades y otros centros. Siempre supone un reto intentar que la calidad de la conservación mejore sea cual sea el punto de partida.

Taller restauracion-AHPP

Taller de restauración (Archivo Histórico Provincial de Palencia)

Creo que desde los años 80 en adelante todos los edificios históricos que se rehabilitaron para ser AHP, incluso los de nueva planta, tienen un espacio destinado a restauración o en su defecto una zona especialmente diseñada para recepción, tratamiento de limpieza, desinfección y acondicionamiento. El problema es que no se han dotado de personal especializado. El por qué, no lo sé… falta de dinero, falta de compromiso, desconocimiento de las necesidades… no sabría decirte, pero me consta que todos los Archivos estarían encantados de tener un conservador y un restaurador en plantilla como sucede en los Museos y te aseguro que no les faltaría qué hacer.

Antes de acceder al Archivo Histórico de Palencia parte de tu carrera profesional se había desarrollado en el ámbito privado, ¿qué diferencias encuentras entre ambas facetas laborales específicamente en el ámbito de la restauración?

Diferencias hay muchas, no tanto en la técnica en sí, pese a que siempre esté intentando mejorar, sino más bien por las funciones que desarrollas.
Cuando trabajas como autónomo, el contrato o el pliego de condiciones técnicas establecen un presupuesto, un tiempo, unas piezas escogidas. En algunos casos, afortunadamente muy pocos, los propietarios o responsables insisten en que apliques una metodología, con un objetivo concreto, que a duras penas respeta la integridad de la pieza y tu labor consiste más en informar que en restaurar. Otras, te ves en la tesitura de tener que explicar que quizá no haya nada que intervenir o por el contrario descubres que algo aparentemente simple, resulta ser un desafío a largo plazo y debes implicar activamente a los propietarios en la conservación. Lo bueno es que, en estos casos, las condiciones son bastante concretas, puedes decidir si te haces cargo o no, y trabajas de pieza en pieza, con sus diferentes características y contextos… después el documento sigue su camino. Este tipo de intervenciones están destinadas a piezas con una relevancia estética, histórica, artística, personal, etc., la que considere el contratante, que hace que las quieran restaurar en ese momento en particular. Por eso a veces tienes mucho trabajo y otras no y ésto ocasiona una cierta inseguridad económica.
Sin embargo, en un Archivo trabajas con un fondo documental permanente, que se va incrementando cada vez que se hace una transferencia. Estos documentos no solo tienen un valor informativo, histórico y cultural sino que además siguen teniendo un valor probatorio de carácter jurídico-administrativo, es decir parte de su relevancia reside en ser testimonio y garantía de los derechos y deberes de los ciudadanos. Por lo general no es documentación espectacularmente bonita, y tampoco tiene porque ser antiquísima. Así, como fondo, su cantidad es prácticamente ilimitada de forma que la restauración se enfoca de una manera más global, a largo plazo y fijando prioridades. Como restauradora debes cita 3 Alicia Barbero Mesaconsiderar cosas como el deterioro general del fondo y el particular del documento, la durabilidad de los materiales no creados para durar, las necesidades de uso… a veces hay que estabilizar conjuntos documentales, otras hay que restaurar, pero sobre todo hay que hacer hincapié en la preservación y la conservación para que los fondos no tengan que llegar a ser restaurados y se puedan consultar. Con este planteamiento, el trabajo no termina nunca, siempre hay cosas que hacer y siempre cobras al final de mes.

Entre febrero y marzo de este año 2015 el Archivo Histórico Provincial de Palencia fue sede de la exposición “Restaurando nuestros documentos: preservando nuestra historia“, ¿ha sido este un buen medio a través del que acercar al gran público el trabajo que realizan los restauradores en los archivos?

Restaurando nuestros documentosPor supuesto, creo que es importante que se conozca en qué consiste nuestro trabajo y que lo realizamos con medios modestos pero eficaces. En esta exposición, los compañeros del AHP de Salamanca, de dónde surgió la idea,  y en concreto Belén González como restauradora de este archivo, ofrece una visión realista de nuestro día a día.

Estoy convencida de que exposiciones como ésta crean un poso de responsabilidad en todos los que la ven ya que refleja perfectamente que detrás de cada documento de archivo hay un trabajo minucioso y constante, que trata con igual importancia la restauración de cada unidad y a preservación de los fondos, sin importar lo bonitos o antiguos que sean.

Asimismo, en principio, hasta el 30 octubre podrá visitarse en el mismo archivo provincial la exposición “Mirando Palencia desde el Archivo” en la que la fotografía copa todo el protagonismo. ¿Qué peculiaridades presenta la fotografía sobre papel para su adecuada preservación? A lo largo de tu carrera has demostrado interés por este material, ¿restauran fotografías en el taller del archivo?

Está siendo todo un éxito, tanto que se ha decidido mantenerla hasta finales de diciembre. Para esta exposición se han seleccionado imágenes de los diferentes fondos del archivo que dan una visión amplia y curiosa del desarrollo urbanístico de la ciudad a lo largo de los años. Pero, pese a lo que pueda parecer a simple vista, no todas estas imágenes fueron creadas con el mismo proceso fotográfico, ni todas las conservamos en papel.

En el Archivo hay una considerable cantidad de fotografías sobre papel por ejemplo en expedientes judiciales, en carnets o en catastro. Sin embargo, poco a poco se han incorporado fondos fotográficos de coleccionistas y fotógrafos locales, imprentas o simplemente ciudadanos que desean aportar imágenes interesantes. En estos fondos lo que más abunda son los negativosMirando Palencia de vidrio y celuloide de diferentes tamaños y gracias a la digitalización se pueden positivar para consultar y difundir en exposiciones como ésta.

Para preservar cada “especie fotográfica”, como las llamaba Ángel Fuentes, se requiere de unos cuidados determinados, dependiendo del material compositivo, el deterioro que presenten y de si son negativos, positivos, color, blanco y negro, etc. Las copias más cercanas en el tiempo, en papel y B/N, quizá sean las fotografías que menos problemas de conservación presentan, pero cuando tienes que tratar fondos negativos que combinan producción en vidrio, nitrato y acetato, la cosa se complica. En el taller se restauran fotografías que han perdido su estabilidad física como sucede con las copias con desgarros, placas rotas, emulsiones levantadas, suciedad, etc. pero sobre todo se trabaja en identificación, diagnóstico, limpieza, acondicionado de conservación y preparación para digitalización. Para lo cual trabajamos mano a mano el taller de restauración y el de fotografía/digitalización.

Muchos opinan que la conservación de fondos fotográficos es una especialidad en sí, y no les falta razón. Siempre me gustó la fotografía, creo que tiene una magia especial, por ello decidí formarme en este campo en cuanto tuve oportunidad, pensé que no tardando mucho los centros documentales tendrían que custodiar fondos fotográficos como parte su patrimonio documental y los restauradores de documento gráfico éramos los más cercanos a esta competencia.

Agua, fuego, xilófagos, tintas, acción antrópica… ¿qué agente crees que es más nocivo para el documento?

Las personas, tanto por acción como por omisión, aunque en los documentos nacidos para no perdurar o con problemas congénitos todo se suma.
cita 4 Alicia BarberoCuando se revisan fondos documentales no solemos encontrar documentos afectados por un daño aislado, detrás siempre, siempre, encontrarás como denominador común la negligencia. El dicho “no hay mayor desprecio que no hacer aprecio” creo que es perfectamente aplicable a la conservación del patrimonio documental. Dejar arrumbada la documentación durante décadas en donde menos estorbe a la espera de ser trasladada al archivo definitivo, es más común de lo que nos imaginamos. Y aunque parezca un tópico, los almacenes suelen ser en un sótano húmedo o una buhardilla con un tragaluz roto por donde campan a sus anchas las palomas. No se hace con la intención de que se deteriore, pero desde luego no se hace nada por cuidarla ¿no?, lo dicho, negligencia.
Por supuesto hay catástrofes que nos sobrepasan pero… si ni siquiera habíamos previsto qué podía suceder y cómo minimizarlo…el desastre será todavía mayor.

Cada agente provoca una reacción determinada en el documento pero, ¿con que tipo de deterioro es más habitual encontrarse en un Archivo Histórico Provincial?
Alicia Barbero- limpieza

Limpieza de fondo de protocolos de nueva transferencia

Aquí la documentación original se consulta y manipula directamente y solo una pequeña parte del fondo en soporte papel está microfilmado o digitalizado para su consulta por motivos de conservación, de manera que, siendo realistas, hay que asumir que la documentación sufre cierto desgaste. Los males más comunes son el polvo acumulado tanto en los depósitos como en la documentación, así como los “accidentes” derivados del uso y la manipulación de los originales. También es muy habitual encontrarse con colecciones completas que se han reparado con material de oficina antes de su traslado al archivo o que presentan ampliaciones de formato con grapas y diversos tipos de celo.

A priori la labor del archivero puede ser considerada complementaria a la del restaurador, pero… ¿es realmente así? ¿crees que los archiveros tenemos suficiente formación en el ámbito de la conservación? ¿Cómo es la relación entre los archiveros y los restauradores en el archivo? ¿Hasta dónde llega el primero y dónde comienza la responsabilidad del segundo?

Recordando la ley, un Archivo debe reunir, organizar, conservar, comunicar y difundir, por lo que en principio, el cumplimiento de estos objetivos generales es responsabilidad del archivero facultativo encargado del AHP. Hasta donde conozco, la dirección del archivo tiene, entre otras funciones, la responsabilidad de la conservación el fondo documental y por supuesto se apoya en su equipo para llevarla a cabo. En la práctica, un campo tan amplio y complejo como la conservación depende directamente del nivel de capacitación e implicación personal del archivero, así como de la disponibilidad de recursos y técnicos en los que apoyarse.

Si nos fijamos en los nueve AHP de Castilla y León, vemos que en general las plantillas son pequeñas, con una media de ocho o nueve personas, lo que traducido a técnicos en conservación y restauración se reduce a dos en todo el Sistema de Archivos, adscritos a centros concretos (Salamanca y Palencia), de forma que los archiveros al cargo del patricita 5 Alicia Barberomonio documental hacen más o menos lo que pueden con los escasos recursos disponibles.

Por otro lado, en general no creo que los archiveros estén demasiado formados en este campo, al menos en los aspectos técnicos. La conservación es una asignatura más de la carrera y un tema de la oposición con muchas generalidades. Llegados a este punto, considero que lo realmente importante es que los archiveros impulsen y pongan en marcha estrategias y dinámicas de conservación, que sean tenaces para la obtención de recursos y que soliciten técnicos especializados en plantilla… Si no, es muy fácil no cumplir, porque realmente es imposible abarcar tantísimo fondo sin la ayuda de un equipo multitarea.

En el archivo nuestra relación es fluida y continua. Tenemos muchos frentes abiertos que no se cierran nunca… Se podría decir que el técnico propone y el archivero dispone, pero siempre haciendo puestas en común y contando con la perspectiva del otro. Cuantos más puntos de vista, menos margen de error.

En un mundo dominado por lo digital, ¿consideras que puede ser una alternativa a los recortes económicos emprender procesos de “restauración –retoque- digital” o por el contrario este tipo de actuaciones nunca deben ser una opción?

Son dos cosas totalmente distintas. En términos económicos no creo que la restauración tradicional sea más cara o más barata que la digital, cada campo requiere de planificación, técnicos, procesos y materiales, con el agravante de que lo digital depende de la obsolescencia de los medios y programas con los que se capta y se recupera la información…

cita 6 Alicia barberoLos objetivos a conseguir son claramente diferentes. La restauración tradicional se ocupa de mantener los valores materiales y conceptuales del documento original, posibilitando su consulta directa bajo ciertos parámetros o la de su reprografía, y la digital facilita la consulta y difusión trabajando solo sobre su imagen. Así, un fondo de negativos puede ser digitalizado para positivarlo y consultarlo, pero si unos negativos de celuloide están muy enrollados… o se tratan desde el taller de restauración o difícilmente podrán digitalizarse. En todo caso la digitalización podría ser una herramienta complementaria pero no suplementaria.

Has sido tutora de prácticas de estudiantes de conservación y restauración de documentos gráficos de la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Salamanca, ¿existe interés real de los jóvenes por dedicarse a la restauración de documento gráfico?

Claro que sí. Bueno, al menos los que llegan hasta las prácticas entiendo que están interesados… He tenido la suerte de acoger alumnos con ganas seguir aprendiendo, con iniciativa y dispuestos a involucrarse en cualquier labor que se desarrollara en el taller. La verdad es que me lo han puesto fácil y lo valoro como algo positivo para todos.

De hecho cuando se ofertó el archivo para hacer prácticas formativas me sorprendió que alguien quisiera venir al taller, y más dos alumnas a la vez, así que les ofrecimos venir a ver el centro y explicarles de qué iba y qué hacíamos aquí para que no se llamaran a engaño pensando que restaurarían cantorales o protocolos del S. XVI. Cual fue nuestra sorpresa cuando, aún a sabiendas, quisieron venir.

A nivel personal ha sido muy satisfactorio que alguien aprenda de mi trabajo y de mis experiencias cotidianas, además yo también he aprendido. El contacto con gente más joven y recién formada no sólo da un soplo de aire fresco al taller, también te obliga a explicar qué, cómo y por qué haces lo que haces y a escuchar lo que ellos harían… es una oportunidad única para valorar otros puntos de vista y analizar tus carencias. Siempre hay algo que aprender y mejorar.


Muchas gracias Alicia por haber compartido con nosotros tus interesantes experiencias y por habernos acercado el trabajo desarrollado de manera estable por una conservadora-restauradora en un Archivo Histórico Provincial, escenario profesional con el que no habíamos contado hasta el momento en esta sección. Asimismo, considero interesante subrayar cómo, a través de sus palabras, queda patente el conocimiento con el que habla acerca de los archivos y los documentos, y también cómo destaca la importancia de ese trabajo interdisciplinar y en equipo que ha de presidir una actividad en la que están involucradas diferentes profesiones.


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¡Esta es su carta!: zarzuelas y documentos

Hoy, 22 de noviembre, los músicos están de fiesta. Coincidiendo con la celebración del día de santa Cecilia, patrona de los músicos desde 1594, se festeja la música y la actividad profesional llevada a cabo por los compositores e intérpretes que tiene en el pentagrama, la notación, los sonidos y los instrumentos su medio habitual de trabajo.

Gigantes y cabezudos Biblioteca Digital hispánica

En la Biblioteca Digital Hispánica podemos acceder a un gran volumen de partituras como la de Gigantes y Cabezudos

Con ese motivo tomamos prestada en el “El archivo: la gestión de la memoria” la célebre zarzuela Gigantes y cabezudos, obra lírica en un acto y tres cuadros con libreto de Miguel Echegaray y Eizaguirre. Su música es obra de Manuel Fernández Caballero (1835-1906), de cuya inspiración también salieron las melodías de títulos tan célebres como Los hijos del capitán Grant, El dúo de la africana o La viejecita. Gigantes y cabezudos se estrenó en el Teatro de la Zarzuela (Madrid), el 29 de noviembre de 1898. Estamos, por tanto, también ante la inminente y feliz celebración del 117 aniversario de su primera puesta en escena.

Pero ¿por qué Gigantes y cabezudos? ¿Qué relación existe entre la zarzuela y el ámbito documental? Las respuestas a estas preguntas hay que buscarlas en el inicio de la escena cuarta de la pieza musical. En ella Pilar, el personaje femenino principal cuyo amor por Jesús es el eje central de la trama, recibe una carta de su amado, ausente en la guerra de Cuba y canta la romanza “¡Esta es su carta!”. Pero, al margen de cuestiones argumentales, la presencia de esa carta, objeto que incluso podemos ver físicamente en manos de la protagonista sobre el escenario, es algo más que un recurso escénico.

María Rodríguez en el rol de Pilar. Teatro Calderón de Madrid (1995)

A través, no sólo de esta romanza, sino también de otras partes habladas con que cuenta la zarzuela, pueden ser descubiertas algunas de las características de la carta en cuestión, datos que nos ayudarían a completar –junto al título ya conocido- la hipotética descripción archivística del documento:

  • Se nos informa que la carta carece de fecha a través de un diálogo entablado entre Pilar y Pascual (escena quinta):

    Pilar: Está negra y arrugada,
    ya debe de tener fecha..
    Pascual: No la pone

    La fecha constituye uno de los elementos característicos de las epístolas, dispuesta bien en el encabezado o al final del cuerpo del texto. En este caso parece que no fue consignado este dato. Si tuviéramos que datarla, teniendo en cuenta que la trama coincide con la guerra de Cuba, muy posiblemente podríamos deducir que la misiva sería redactada en el año 1898. Es llamativo como la protagonista se hace eco de su antigüedad aludiendo a lo arrugada y machada que ésta se encuentra. Un método muy poco científico, es verdad, pero sirve al autor para representar el paso del tiempo y explica la demora de un año en que, según parece, aquélla ha tardado en tener noticias de su enamorado.

  • “Las cuatro caras / llenas están.” Estos versos cantados por Pilar en la romanza que nos ha servido como punto de partida, nos ayudan a conocer el volumen, el número de cuartillas o folios, que tiene el documento en cuestión. Si “…las cuatro caras están llenas…” la carta ha de tener dos hojas, y su soporte será el papel.
  • “Esta es su firma”. Un breve verso también en la misma parte cantada nos ofrece una valiosa información. De esta forma, si esa es su firma estamos ante un documento, en principio, original y válido. La firma es uno de los elementos de validación que pueden estar presentes en los documentos y, desde luego, es el que por antonomasia está vinculado a las cartas. Esa firma indica que lo que está escrito en esa misiva lo ha plasmado o lo suscribe, valga la redundancia, de manera efectiva el remitente, con lo cual ya tenemos también el nombre del productor.
  • En otra de las secciones habladas de la zarzuela, en la escena quinta, Pilar, refiriéndose a la misma epístola, afirma:

    Pilar: ¡Que digan cosas tan buenas
    estos puntos y estos ganchos
    y estas patitas que cuelgan!
    .

    Con esos puntos, ganchos y patitas la protagonista se refiere a las letras que dan forma a cada una de las palabras que integran el mensaje remitido por Jesús. Con estos versos se profundiza en una de los temas tratados en la zarzuela que se hace manifiesto en ese “¡por qué, Dios mio / no se leer!” de la romanza. Las escasas posbilidades de instrucción de la mujer en el siglo XIX, especialmente en determinados sectores de la población, es criticada así en Gigantes y cabezudos. Pero no será el único instante de la obra en que surja la temática femenina. Ésta tiene su punto álgido en la jota “Si las mujeres mandasen”, en la que se pone en entredicho la escasa accesibilidad de la mujer a los puestos de poder y, al mismo tiempo, se critica la forma de gobernar de los hombres. Pero…esta es otra historia; muy interesante también, pero otra historia. (Sobre este aspecto recomendamos la lectura del post publicado en el blog “La reina de los mares“)

Pero… aquí estábamos tratando sobre la presencia de la carta en una obra musical. Ya lo habíamos visto antes en “La Traviata”. Ahora, nuevamente la carta sube a escena y se convierte en la protagonista de la acción. Da igual que la lea Violeta Valery con música de Verdi a que sean los sonidos de Fernández Caballero los que sirvan para expresar los anhelos de Pilar. Lo imporante es que la música y los documentos van de la mano. La carta da contenido argumental a la obra y el poder de la melodía consigue acrecentar los matices y las ideas contenidas en aquellos papeles. Porque, como siempre decimos, los documentos son un reflejo de la vida y de cualquier actividad , idea o actitud del ser humano.


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