Una vida: un archivo

En memoria de Asunción Fernández Brito, mi cuñada.
Tomando prestado el guión de
Lo Imposible: una de esas estrellas que, aunque se ha apagado, continará siempre brillando en el espacio.

Ese momento en que un ser querido deja de estar entre nosotros y pasa a estar para siempre en nosotros es, sin duda, una experiencia dura. La más dura, la más incomprensible, la más inabarcable… La vida se detiene en ese instante para todos. No existe el tiempo, y el espacio casi se diluye por un momento. Una profunda tristeza lo envuelve todo y sólo una mirada basta para que los sentimientos –cargados de impotencia y pesar- fluyan casi sin control. Esas sensaciones, no por ya conocidas, al haberlas vivido antes, son menos dolorosas. Por eso, cada vez que nos enfrentamos ante esta insoportable realidad sufrimos como la primera vez… porque siempre es la primera vez. Siempre es un nuevo nombre el que hay que pronunciar entre sollozos.

Los recuerdos se agolpan. Las imágenes se suceden: la primera ocasión en que nos vimos; su feliz boda; el más feliz aún nacimiento de sus hijas; las celebraciones familiares… Acontecimientos todos que, transformados en imágenes, forman parte de ese archivo personal que cada uno va construyendo a medida que transcurre el tiempo. Pero es éste un archvio peculiar: es un archivo vital formado –utilizando el lenguaje informático- por carpetas compartidas. Así, muchos –ella misma- compartíamos todas esas evocaciones de la realidad, todas esas imágenes, porque de una manera u otra todos consideramos en algún momento que eran dignas de permenecer siempre en ese archivo que alojamos en algún lugar de nuestros cerebros. La vida –la nuestra y la suya- se queda congelada en cada uno de esos instantes, de tal suerte que podemos recordarlos cuando lo deseemos o necesitemos. Porque sí, afortunadamente a medida que vivimos vamos construyendo un verdadero archivo que es enriquecido de manera mutua por todos los que convivimos, trabajamos juntos y disfrutamos o sufrimos algún momento en común.

No. Hoy no es un día feliz, pero sí un día cargado de positividad porque me cosidero privilegiado: he sido afortunado porque mi archivo personal ha crecido gracias a su experiencia, gracias a su vida, gracias a su ejemplo de lucha y valor. Hoy ya no está entre nosotros. Ahora está en nosotros. Su recuerdo, su vida y su experiencia forman parte ya de nuestra vida, de nuestra propia existencia, y por tanto, también de nuestro archivo. Es lo que sucede cuando alguien que ha formado parte de nuestras vidas permanece siempre en nuestra memoria. Es lo que debe suceder cuando alguien a quien queremos, después de una lucha feroz por vivir, al partir nos hace crecer.

19 de octubre: Día mundial contra el cáncer de mama


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Acerca de Fernando Betancor Pérez

Archivero (El Museo Canario), Licenciado en Documentación (UC3M), Especialista Universitario en Archivística (UNED), Licenciado en Geografía e Historia (ULL) Publicaciones
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