“La escritura y los soportes”: brillo entre la penumbra

Madrid. Paseo de Recoletos. Penumbra. Adosada a las paredes una ordenada estantería cuadriculada con divisiones casi infinitas. La tenue iluminación interna de cada casilla sirve de guía al visitante, dando forma a un itinerario que acentúa ese carácter narrativo que impregna el sistema ortogonal que se abre ante nuestros ojos. Papel, pergamino, papiro, disco compacto, cintas de casete, negativos en cristal, disco de vinilo, disco láser, tinta, plumas, bolígrafos…se alojan en cada compartimento. Un foco de luz hace que cada objeto abandone la semi oscuridad en la que nosotros permanecemos sumidos. Por un momento da la impresión de que estamos en una sofisticada joyería. Porque envueltos en esta cuidada escenografía, cada uno de esos objetos comunes se transforma ante nuestra mirada. Dejan de ser simples materias objetuales para transformarse en pequeñas joyas, en grandes vestigios de nuestra historia, y, finalmente, en instrumentos que contribuyen a perpetuar nuestra memoria.

imagenmusebne1Sí… Como ya habrán adivinado nos encontramos en la sala “La escritura y los soportes” del Museo de la Biblioteca Nacional de España, espacio de visita casi obligada para todos los interesados en la cultura escrita, ya sean bibliotecarios, archiveros, documentalistas o usuarios de cualquier tipo de centro documental.

A pesar de que nos encontremos en el museo de una biblioteca, el interés de esta sala va más allá de lo puramente bibliográfico. Los archiveros debemos trabajar a diario con todo tipo de soportes documentales. La mayor parte de ellos, salvo algunos ajenos a nuestro espacio geográfico -aunque no imposibles de hallar en alguna colección o fondo documental hispano-, están presentes en esta espléndida sala. Así, ocupa un lugar central el papel como elemento sustentante. Su historia, los materiales para su confección (lino, cáñamo, algodón), sus formatos, sus características –muy ilustrativo y visualmente muy atractivo resulta el apartado expositivo dedicado a la filigrana-, su evolución en el tiempo, los tratados explicativos para su confección, etc. pueden ser rastreados por el visitante sin dificultades, contrastando su propia oscuridad con la luminosidad que parece desprender el objeto expuesto.

Si el papel es el elemento sustentante más habitual, no es menos cierto que la información puede estar presente a través de otros soportes sobre los que se plasman, o han quedado registrados en el pasado, otros tipos de escritura. Los discos de vinilo, los discos laser, los compactos o los DVDs, las cintas magnéticas –soportes todos que ocupan su casilla en esta magnífica cuadrícula museística-, guardan preciados datos y en muchas ocasiones forman parte de fondos y colecciones documentales, como sucede en los archivos radiofónicos, por ejemplo.

Tampoco podemos olvidar los artefactos fotográficos. De la oscuridad emergen las imágenes congeladas, tanto negativas como positivas. Albúminas, nitratos, plata…brillan con luz propia tratando de establecer un diálogo con el visitante ¿qué archivero no ha encontrado una fotografía en un archivo personal o institucional creado a partir del siglo XIX? De hecho, los archivos fotográficos están en alza y se han convertido en uno de los puntos de interés  para los centros, al ser un medio muy atractivo –por su rápida apreciación por parte del público- a través del que difundir los contenidos de los archivos.

Finalmente, también entre la oscuridad irradian su potente luz los distintos instrumentos para escribir –desde la pluma hasta el bolígrafo, pasando por la máquina de escribir-, así como los diversos sistemas de escritura acompañados de los dispositivos tecnológicos necesarios para su adecuada realización.

En definitiva, si la luz puede surgir de la oscuridad esta sala es un claro ejemplo de ello. Pero el brillo y la oscuridad son mucho más que medios escenográficos a través de los que contribuir al proceso narrativo inherente a toda exposición. Por un lado, la penumbra no es sólo un recurso teatral, puesto que sin duda contribuye a la correcta preservación del frágil material expuesto, convirtiéndose en un ejemplo de la alianza que siempre ha de existir entre la difusión y la conservación. Por otro lado, el brillo, la luminosidad de cada pieza, está apoyado en el propio valor intrínseco que posee en el discurso expositivo propuesto. Una hoja de papel puede brillar. Un simple bolígrafo puede resplandecer. Un disco de vinilo puede fulgurar. Un texto en braille puede irradiar luz. No tanto por el foco físico que poseen, sino por el valor que tienen en la cultura y la historia de la Humanidad, valor que sin duda está perfectamente reflejado en esta sala que, aunque oscura, nos abre a la luz del conocimiento.

Simplemente magnífico.

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Acerca de Fernando Betancor Pérez

Archivero (El Museo Canario), Licenciado en Documentación (UC3M), Especialista Universitario en Archivística (UNED), Licenciado en Geografía e Historia (ULL) Publicaciones
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